sábado, 13 de octubre de 2018

Advertencia real, hombre





Tú hombre;
nunca te acerques a una Mujer Consciente de sí misma para amarla si no sabes a quien te acercas, corres el peligro de no olvidarla, de no entenderla, de no llegar nunca a ver su mundo... Prepárate para un amor de otros mundos, para caricias mortíferas, sonrisas que son hechizos y canciones mágicas que no podrás sacar de tu corazón...
Prepárate para Lunas Llenas y Estrellas, Lunas oscuras, Solsticios, Equinocios, chimeneas humeantes e inciensos... Hombre, ten en cuenta que te acercas a un alma salvaje, lejos de todo aquello que has conocido, ten en cuenta que sentirás vértigo y que posiblemente haya momentos en los que salgas corriendo de su lado por no perderte para siempre en sus brazos, como si de un bosque mágico se tratara... Piensa que no es de este mundo, que si te dejo entrar en el suyo es un regalo, es una puerta que ella no abre a cualquiera y que confía en ti...
Ella es la incomprendida, la señalada por aquellos que nunca entenderán la magnitud de su alma.. No rompas su confianza, serias un asesino de Unicornios, tal es la magia y belleza que esconde el alma de una Mujer Consciente de sí misma... Hombre, nunca te acerques a Ella si no sientes curiosidad, si nunca perseguiste mariposas o libélulas o si nunca te agachaste a tocar la tierra o coger una flor o nunca soplaste un diente de león... No te acerques a Ella si no estás dispuesto a volar, a abandonar lo cotidiano, a dejarte llevar por su supuesta locura, por sus pasiones y a olvidarte de tus miedos... Nunca te acerques a una Mujer Consciente de sí misma, a una Sacerdotisa si no estás dispuesto a vivir la aventura de tu vida... Lee mis palabras, porque no son literatura, son una advertencia real.
Si se ha cruzado en tu vida una de éstas Mujeres Despiertas y no estás dispuesto a entregarte a ella, date la vuelta, levanta la cabeza con honor y vete antes de entrar en su mundo para dañarlo...
Ellas son seres en peligro de extinción..."
LA MAGIA

domingo, 6 de mayo de 2018

Los botones de mi madre



LOS BOTONES DE MI MADRE

Deshacer la casa de tus padres es el siguiente escalón a enterrarlos, un duro trago que se hace con una mezcla de ternura, emoción y tristeza infinita. Es rescatar recuerdos, encontrar pequeños tesoros que no recordabas o que ni siquiera sabías que existían. Te sientes como un ladrón abriendo cajones cerrados con llave, como un intruso que husmea en intimidades ajenas. Encuentras tu propio pasado, recuerdos de infancia, la tuya, la de tus padres, incluso la de tus abuelos, mezclados con trazas de tus propios hijos, fotos, dibujos “para la mejor abuela”, tarjetas…. Podrías pasar días, semanas, quieres terminar de organizarlo pero también quieres que nunca acabe, que continúe como metáfora de aquel primer cordón umbilical, como esa última oportunidad de sentir su olor, todavía en los armarios llenos de sus ropas.
En una de esos ratos de lágrimas y de sonrisas, encontré los botones de mi madre, un enorme regalo para la imaginación y la reflexión. He pasado dos tardes clasificándolos, mirándolos, casi mimándolos y al final dejando plasmada su existencia en esta foto como un homenaje a la mujer excepcional a muchos niveles que fue mi madre. Pero muchos de sus atributos son comunes a una generación de mujeres, aquellas que fueron niñas de la guerra y la posguerra pasando hambre y miedo, adolescentes y jóvenes con una educación limitada (“ser médico es de hombres”), mujeres siempre a la sombra y tutela primero de padres y luego de maridos (la generación que ni siquiera podía abrir una cuenta en el banco o tener una propiedad si no era con un varón) pero excelentes economistas que eran capaces de ahorrar, de dirigir familias numerosas, fantásticas cocineras, cuidadoras dedicadas, maestras de vida. Mujeres que individualmente no han hecho historia pero que como generación trabajaron para levantar un país en ruinas y para que sus hijos fuéramos mejores y tuviéramos más que ellas mismas. Unas luchadoras.
Los botones de mi madre me han contado muchas cosas; he encontrado el pasado familiar en formas varias y materiales diversos: cuero, nácar, metal, madera, plástico….; leo historias en botones de los años 50 que reconozco en una foto amarillenta de mi abuela, los de las trenzas infantiles, ropa de fiesta, de batas de estar en casa, los del uniforme de gala de ingeniero agrónomo de mi padre, de las camisas de los babis del colegio, botones minúsculos de ropitas de bebé, botones forrados….hay cientos de botones, algunos preciosos, otros horribles. Resulta que en mi casa nunca se tiraba un botón, cuando una prenda se jubilaba, se guardaban los botones y se hacía trapos con la tela. Un eterno “por si acaso” y un constante “esto ha costado dinero”. Y en estos cientos de botones leo el salto generacional e intuyo cómo hemos cambiado y quizás, lo que hemos perdido.
Lo que no sé es cuantos botones faltan, cuantos realmente fueron de utilidad, cuales se injertaron en otra prenda; la bolsa solo tiene los que nunca llegaron a ver más vida que la foto en la que ahora quedan inmortalizados. Y es que al final, la vida quizás sea solo eso, una enorme bolsa de botones.

De. Mónica Lalanda, una médico a cuadros



Me ha encantado esta historia... porque hace honor a unas madres que sólo pensaban en los demás olvidándose de si  mismas... madres, cocineras, costureras... trabajadoras sin tregua... y sin sueldo... ¡como la mía! 

Y además siempre me han encantado las latas, cajitas y cajones llenos de botones... me recuerda a mi infancia, las visitas a Pepita la modista, la costura con mi madre... Recuerdo perfectamente buscar algún botón para una falta... en ese montón de botoncicos... ¡qué alegría daba encontrar uno igual... o muy parecido! Y en la búsqueda siempre descubría algúnos botones de abrigos... preciosos.
¡Qué tiempos aquellos! Eso sí que era reciclar... reutilizar... ¡y no lo que hacemos o decimos que hacemos ahora! 

Marian. 
 

sábado, 7 de octubre de 2017

Marinando tus sueños






Me encantan las prácticas así de sencillas… y así de poderosas.



Sé por experiencia que el trabajo con nuestra mente inconsciente es muy muy poderoso. Y está ahí a nuestro alcance… así que ¡vamos a usarlo en nuestro propio bien!
¡Me encanta! Y sólo son esos 5 minutos antes de dormir…
¿Te animas?

Marian :)